Siempre me apasiono la historia, sobre todo lo relacionado con las heroicidades. Aquellos héroes griegos capaces de enfrentarse a los dioses, capaz de crear con sus manos el bien y el mal, como ejemplo. Pero en el mundo oriental hay, en especial, unos hombres, unos guerreros-poetas, capaces de sacrificarlo todo por un poema, de dar su vida por la palabra "Honor".
A aquellos hombres les gustaba el compararse con un árbol, una flor en especial, la flor de cerezo. Yo he crecido estudiando su filosofía, aprendiendo, acomodando sus ideales y formándome unos propios pero como ellos conservo el amor por las flores. Un amor irracional pero, ¿por que?. La respuesta es sencilla.
Las flores son hermosas, eso es algo indiscutible, tienen una belleza innata pero mueren si las tocas demasiado, sus vidas son cortas en comparación pero fueron tan intensas, que su muerte no es una tragedia. Las flores, todas iguales en apariencia pero tan diferentes en realidad...
Y aquí es a donde quería llegar, me gusta comparar las flores con las personas por que como ellas, parecemos todos iguales pero somos tan diferentes, tan hermosos por fuera y tan complejos por dentro. Un gesto, una caricia puede tener mil interpretaciones, una sonrisa o un "te quiero" puede armar de valor al mas cobarde o derrumbar al mas integro de los hombres o mujeres.
Visto así todo parece complejo, todo parece difícil, siempre alerta, siempre buscando que significan las cosas. Yo como los samurais de antaño prefiero pensar que cada uno de mis sentimientos, cada uno de mis actos, cada una de mis palabras es una hermosa flor, dicha y hecha con honestidad. Intensa y esplendorosa, única, a veces me hacen llorar, otras pensar y también rebosar de alegría. Tengo un destino, sea cual sea y es un camino de flores, fugaces pero intensas.
Aprendamos a amar cada cosa que hacemos, aprendamos a ser un poco mas cariñosos con nuestra pena, nuestro dolor, nuestra alegría y no pensemos en mañana por que como las flores, nosotros también vamos muriendo.
Un saludo,
Raphael.
P.D.: Felicitaría a los enamorados por su San Valentín pero no lo haré, os diré que conozcáis hasta que queráis, quered hasta que améis y amad hasta morir de amor. El anhelo de todo hombre es encontrar quien susurre esas cálidas palabras en su oído, ese buscado "Te amo". ¡Pelead por el!, este es mi regalo de San Valentín para todos/as.
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